
Las cartillas se diseñaron para representar el «súper poder» de la participación, promoviendo el reconocimiento de entornos seguros y mecanismos de reporte. Facilitan el diálogo mediante ejemplos cotidianos en ámbitos individuales, familiares y comunitarios, adaptando el lenguaje para grupos de 10 a 15 años.

El proyecto organiza estratégicamente conceptos complejos como el Modelo Lundy (espacio, voz, audiencia e influencia) en formatos lúdicos. Para su ejecución se emplearon habilidades de sistematización de documentos, construcción de storyboards, ilustración a color, redacción de contenido didáctico y diagramación editorial.
